"y aunque los gusanos
han de devorar mi carne
y mis huesos
he de ver a Dios
y he de verlo
no como un extraño"
Luis Hernández.
Llegaste
cuando yo recién comenzaba la universidad. Lo recuerdo bien: clase de
Literatura Actual. Teníamos que dividirnos en grupos y exponer sobre
poetas. Alguien expuso sobre ti, y lo siguiente que recuerdo es correr a
la biblioteca para sacar algún libro tuyo. Lo siguiente era leerte en
los jardines de Estudios Generales Letras.
Lo
que me encantó de tu poesía fue esa desgarradora soledad. Así, a secas.
Hay un feeling especial en cada verso, en cada palabra, en cada imagen
que generaba la lectura de tus poemas. Digamos que al leerte encontraba
muchas cosas que pasaban por mi cabeza. La soledad siempre era un lugar
recurrente, y la poesía esa forma de escape, esa liberación.
“Solitarios
son los actos del poeta, como aquellos del amor y de la muerte”.
Tremenda frase. Era obvio, era un resumen de la vida misma. La tengo
presente siempre, es más, te doy toda la razón. Creo que por eso en
algún momento sentía la soledad como un lugar definitivo. Felizmente
todo eso ha cambiado y sé que hay momentos en los que pensamos
demasiadas cosas que nos hacen vivir entre sombras, pero que
eventualmente se encuentra una salida.
Me
hubiera gustado saber si hubieras seguido escribiendo. Suena tonto, lo
sé. Creo que es un hecho que no dejarías de escribir por nada del mundo.
Diré entonces que me hubiera gustado leer lo que hubieras escrito ahora
en medio de tanta revolución digital/mutación de la ciudad/conflicto
interno etc.
Me
hubiera gustado comprender tu soledad. Me hubiera gustado preguntarte
por qué llevas una herida en la espalda y, definitivamente, me hubiera
gustado que me contaras si alguna vez pensaste que no es necesario
perdonar setenta veces siente. También me hubiera gustado enseñarte
alguna de las cosas que escribo. Me hubiera encantado que me regales uno
de tus cuadernos. Asumo que seguirías escribiendo en cuadernos, en esa
señal de eterna rebeldía.
Creo
que si hubiera tenido la oportunidad de estrecharte la mano me hubiera
quedado cojudo e inmóvil, o simplemente cojudo. Esa sensación de estar
frente al tipo que tantas veces me sacó la mierda con sus versos llenos
de una sensibilidad extrema, de soledad, de tristeza y resignación. Sé
que mientras escribo estas líneas estás acá, en todos lados en realidad.
La poesía te ha hecho inmortal Luchito, y felizmente esa inmortalidad
hizo que te conociera y te abrazara como amigo mío. “No se culpe a nadie
de mi sueño”.
La mejor recopilación de la obra de Luis Hernández, incluyendo los míticos cuadernos del ropero llegan gracias a la Biblioteca PUCP.
La mejor recopilación de la obra de Luis Hernández, incluyendo los míticos cuadernos del ropero llegan gracias a la Biblioteca PUCP.

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