domingo 18 de diciembre de 2011

A Luchito Hernández, mi amigo.


"y aunque los gusanos 
han de devorar mi carne
y mis huesos
he de ver a Dios 
y he de verlo
no como un extraño"
Luis Hernández.

Llegaste cuando yo recién comenzaba la universidad. Lo recuerdo bien: clase de Literatura Actual. Teníamos que dividirnos en grupos y exponer sobre poetas. Alguien expuso sobre ti, y lo siguiente que recuerdo es correr a la biblioteca para sacar algún libro tuyo. Lo siguiente era leerte en los jardines de Estudios Generales Letras.

Lo que me encantó de tu poesía fue esa desgarradora soledad. Así, a secas. Hay un feeling especial en cada verso, en cada palabra, en cada imagen que generaba la lectura de tus poemas. Digamos que al leerte encontraba muchas cosas que pasaban por mi cabeza. La soledad siempre era un lugar recurrente, y la poesía esa forma de escape, esa liberación.

“Solitarios son los actos del poeta, como aquellos del amor y de la muerte”. Tremenda frase. Era obvio, era un resumen de la vida misma. La tengo presente siempre, es más, te doy toda la razón. Creo que por eso en algún momento sentía la soledad como un lugar definitivo. Felizmente todo eso ha cambiado y sé que hay momentos en los que pensamos demasiadas cosas que nos hacen vivir entre sombras, pero que eventualmente se encuentra una salida.

Me hubiera gustado saber si hubieras seguido escribiendo. Suena tonto, lo sé. Creo que es un hecho que no dejarías de escribir por nada del mundo. Diré entonces que me hubiera gustado leer lo que hubieras escrito ahora en medio de tanta revolución digital/mutación de la ciudad/conflicto interno etc.

Me hubiera gustado comprender tu soledad. Me hubiera gustado preguntarte por qué llevas una herida en la espalda y, definitivamente, me hubiera gustado que me contaras si alguna vez pensaste que no es necesario perdonar setenta veces siente. También me hubiera gustado enseñarte alguna de las cosas que escribo. Me hubiera encantado que me regales uno de tus cuadernos. Asumo que seguirías escribiendo en cuadernos, en esa señal de eterna rebeldía.

Creo que si hubiera tenido la oportunidad de estrecharte la mano me hubiera quedado cojudo e inmóvil, o simplemente cojudo. Esa sensación de estar frente al tipo que tantas veces me sacó la mierda con sus versos llenos de una sensibilidad extrema, de soledad, de tristeza y resignación. Sé que mientras escribo estas líneas estás acá, en todos lados en realidad. La poesía te ha hecho inmortal Luchito, y felizmente esa inmortalidad hizo que te conociera y te abrazara como amigo mío. “No se culpe a nadie de mi sueño”.

La mejor recopilación de la obra de Luis Hernández, incluyendo los míticos cuadernos del ropero llegan gracias a la Biblioteca PUCP. 

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